{"id":190,"date":"2013-02-09T01:37:52","date_gmt":"2013-02-09T01:37:52","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.smbosque.es\/polentzihistoria\/?p=190"},"modified":"2013-02-09T01:39:20","modified_gmt":"2013-02-09T01:39:20","slug":"el-triunfo-en-roma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.smbosque.es\/polentzihistoria\/2013\/02\/09\/el-triunfo-en-roma\/","title":{"rendered":"El Triunfo en Roma"},"content":{"rendered":"<p>Roma hab\u00eda sometido a Cartago y conquistado todo aquel territorio que hab\u00eda hallado a su alcance. Los combatientes regresaban a casa como h\u00e9roes, con un buen bot\u00edn y condecorados con brazales, lanzas de honor y bandas al cuello y en la frente. A su llegada se proced\u00eda a la ceremonia llamada triunfo, en honor al general que volv\u00eda victorioso.<\/p>\n<p>Desde comienzos de la Rep\u00fablica hasta la ca\u00edda del Imperio Romano, el triunfo era considerado como la c\u00faspide de la gloria militar. Los soldados desfilaban tras el carro triunfal del comandante en jefe, cantando canciones y batiendo palmas a trav\u00e9s de una ciudad engalanada para la ocasi\u00f3n. El desfile empezaba en el Campo de Marte, donde el general vencedor pasaba la noche con sus tropas para luego entrar en la ciudad por una puerta especial de las murallas llamada Porta Triumphalis. Continuaba por el Foro Boario, el mercado central; pasaba ante el templo de H\u00e9rcules, al que se hac\u00eda una ligera reverencia como dios protector que era, y luego cruzaba el Circo M\u00e1ximo, enfilaba la V\u00eda Sacra por el Foro Romano y finalmente ascend\u00eda la colina del Capitolio hasta el templo de J\u00fapiter. El cortejo se deten\u00eda al pie de la escalinata, y el general, acompa\u00f1ado de su escolta de lictores, entraba con ellos en el templo para ofrecer sus laureles, significando con ello que no ten\u00eda intenci\u00f3n de convertirse en rey de Roma. El triunfo era as\u00ed una ceremonia civil y un rito religioso al mismo tiempo.<\/p>\n<p>A lo largo de todo el recorrido la muchedumbre se agolpaba para contemplar el desfile y arrojar flores al paso del cortejo. Las estatuas aparec\u00edan adornadas, ard\u00eda incienso en los altares y las puertas de los templos se abr\u00edan de par en par. Encabezaban el cortejo c\u00f3nsules y senadores; tras ellos iban los cornetas. Pero el grupo m\u00e1s espectacular era el tercero: numerosos siervos llevaban las piezas m\u00e1s importantes del bot\u00edn y las mostraban al pueblo: oro, plata, armas, estatuas, valiosas \u00e1nforas, tesoros de los templos, animales ex\u00f3ticos y carteles que representaban con nombres y dibujos las fortalezas y lugares conquistados, los r\u00edos y monta\u00f1as, los enemigos derrotados y las batallas que libraron. Detr\u00e1s ven\u00edan los sacerdotes con un buey blanco destinado al sacrificio, y finalmente tambi\u00e9n los rehenes; los pr\u00edncipes o generales vencidos eran expuestos a la curiosidad popular. Con motivo del desfile se los sacaba de la c\u00e1rcel Mamertina, donde permanec\u00edan encarcelados a la espera de la celebraci\u00f3n. Llegado el momento, el destino de los m\u00e1s importantes era ser estrangulados.<\/p>\n<p>Por fin llegaba el carro del triunfador, alrededor del cual bailaban acr\u00f3batas y juglares, se recitaban poemas \u00e9picos y los m\u00fasicos tocaban la lira. Los bufones dedicaban versos burlescos, un rito muy antiguo con el que se pretend\u00eda recordar al vencedor la fugacidad de la gloria. Estas burlas eran muy apreciadas, pues resultaban muy c\u00f3micas al pueblo.<\/p>\n<p>El triunfador vest\u00eda una t\u00fanica p\u00farpura y dorada, se pintaba la cara de rojo y se coronaba de laurel. Hac\u00eda el recorrido en una cuadriga adornada de oro, marfil y piedras preciosas, acompa\u00f1ado por un esclavo que sosten\u00eda una corona de oro sobre su cabeza y le recordaba la formula: Respice post te, hominem te esse memento (\u201cmira hacia atr\u00e1s y recuerda que s\u00f3lo eres un hombre\u201d). El general sosten\u00eda en la mano derecha una rama de laurel y en la otra un cetro de marfil o de oro. Para protegerse contra el mal, llevaba un anillo de hierro y un amuleto llamado bulla alrededor del cuello.<\/p>\n<p>Detr\u00e1s ven\u00eda su familia, y finalmente desfilaban los miles de soldados desarmados, portando ramas de olivo y gritando: \u201cIo, triumpe!, y la jornada terminaba con un gran banquete costeado por el propio triunfador, que no sol\u00eda escatimar gastos. Todo el pueblo participaba en la fiesta. Era habitual en tales ocasiones que el p\u00fablico disfrutara de sangrientos combates en el Coliseo, donde los gladiadores combat\u00edan con el mismo ardor que si se encontraran sobre el campo de batalla.<\/p>\n<p>Hab\u00eda un tipo de triunfo de menor importancia. Era la llamada ovatio. En ella el general entraba a caballo o a pie, llevaba una toga con borde p\u00farpura y una corona de mirto. No portaba cetro. El espect\u00e1culo era menos brillante, y constitu\u00eda una especie de premio de consolaci\u00f3n para aquellos cuyas victorias no hab\u00edan sido tan grandes como para serles concedido un triunfo.<\/p>\n<p>Durante la Rep\u00fablica generalmente era el senado quien decid\u00eda si una victoria era merecedora de un triunfo. Se requer\u00eda que no fuera sobre romanos ni sobre esclavos, sino en lucha contra poderosos enemigos extranjeros. El comandante deb\u00eda dar muerte al menos a 5000 de ellos. Entonces recib\u00eda el t\u00edtulo de Imperator, siendo aclamado como tal por sus tropas. La aclamaci\u00f3n era condici\u00f3n previa para poder solicitar un triunfo del senado. Adem\u00e1s ten\u00eda que ser un magistrado electo (dictador, c\u00f3nsul o pretor) y \u201ctraer al ej\u00e9rcito a casa\u201d, significando con ello que la guerra hab\u00eda terminado.<\/p>\n<p>Tras ser proclamado Imperator, el general ten\u00eda derecho a utilizar el t\u00edtulo detr\u00e1s de su nombre hasta que llegara su triunfo. Una vez celebrada la ceremonia, renunciaba a su t\u00edtulo y a su Imperium, pero pod\u00eda ser llamado durante el resto de su vida vir triumphalis, es decir, hombre honrado con un triunfo. Despu\u00e9s de su muerte era representado en los funerales de sus descendientes por un actor contratado para la ocasi\u00f3n. Este llevaba su Imago o m\u00e1scara de la muerte, e iba vestido con la t\u00fanica p\u00farpura y oro.<\/p>\n<p>Puesto que el triunfo era el objetivo de muchos militares con grandes ambiciones pol\u00edticas, por constituir una enorme propaganda, la historia de la Rep\u00fablica est\u00e1 repleta de casos en los que se sobornaba a las legiones para que proclamaran Imperator a su comandante<\/p>\n<p>Posteriormente, durante la \u00e9poca del Imperio, la ceremonia del triunfo qued\u00f3 reservada al emperador y su familia. Solo \u00e9l pod\u00eda llevar el t\u00edtulo de Imperator y todas las victorias eran del emperador, puesto que se consideraba que los generales simplemente actuaban a sus \u00f3rdenes, incluso cuando no se pon\u00eda personalmente al frente del ej\u00e9rcito.<\/p>\n<p>El \u00faltimo triunfo romano correspondi\u00f3 en realidad a los m\u00e9ritos del general Estilic\u00f3n, pero fue el emperador ni\u00f1o Honorio quien recibi\u00f3 los honores, haciendo su entrada en Roma en el carro de la victoria para dirigirse hacia el Capitolio entre los gritos de la muchedumbre.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Roma hab\u00eda sometido a Cartago y conquistado todo aquel territorio que hab\u00eda hallado a su alcance. 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