Programación actividades 2º Bach. A/B (3) Semana del lunes 30/3 al viernes 3/04

LUNES 30/ 03/2020

Analiza sintácticamente las siguientes oraciones subordinadas circunstanciales:

– Mientras el anciano paseaba por la ribera del río, pensaba en sus recuerdos de juventud.

– Como no hubo testigos del crimen, nadie fue detenido durante las investigaciones.

– Julián pagó el préstamo al banco para que su amigo mantuviera su negocio en plena crisis.

– Esta técnica fue empleada muchas veces por los generales romanos cuando no podían asaltar una ciudad en los asedios.

– Ese jugador hace tantas faltas en los partidos que nunca termina un partido porque todos los árbitros lo expulsan

MARTES 31/ 03/2020

Analiza la estructura morfológica de las siguientes palabras:

Metódicos       abogados        fríamente        desempleadas             ridículos

Desconsolados           antirreglamentario      apasionado      ruindad    germanófilo

MIÉRCOLES 01/ 04/2020

Analiza sintácticamente las siguientes oraciones subordinadas de relativo:

– Algunas versiones del mito de Sísifo que han perdurado hasta ahora, nos muestran una idea de la monotonía diaria.

– Los que estudiaron las primeras pinturas prehistóricas fueron ridiculizados por los científicos más ortodoxos.

– Fernando compró al final el coche que le había recomendado su cuñado y tuvo que venderlo a los dos mese .

– En la universidad muchas veces los profesores te recomiendan libros que nadie encuentra en las librerías.

– Nadie comprende a los individuos que sacan beneficios de las personas desfavorecidas en los tiempos difíciles.

– ORACIÓN EXTRA: A ver si hay algún/-a alumno/-a que sepa analizar esta oración: En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía un hidalgo

JUEVES 02/ 04/2020

Comentario de texto:

TEXTO:  En una cárcel de su pueblo, Orihuela, ha muerto Miguel Hernández. Ha muerto solo, en una España hostil, enemiga de la España en que vivió su juventud, adversaria de la España que soñó su generosidad. Que otros maldigan a sus victimarios; que otros analicen y estudien su poesía. Yo quiero recordarlo.

Lo conocía cantando canciones populares españolas, en 1937. Poseía voz de bajo, un poco cerril, un poco animal inocente: sonaba a campo, a eco grave repetido por los valles, a piedra cayendo en un barranco. Tenía ojos oscuros de avellano, limpios, sin nada retorcido o intelectual; la boca, como las manos y el corazón, era grande y, como ellos, simple y jugosa, hecha de barro por unas manos puras y torpes; de mediana estatura, era más bien robusto, era ágil, con la agilidad reposada de la sangre y los músculos, con la gravedad ágil de los terrestre; se veía que era más prójimo de los potros serios y de los novillos melancólicos que de aquellos atormentados intelectuales compañeros suyos; llevaba la cabeza casi rapada y usaba pantalones de pana y alpargatas; parecía un soldado o un campesino. En aquella sala de un hotel de Valencia, llena de humo de vanidad y, también, de pasión verdadera, Miguel Hernández cantaba con su voz de bajo y su cantar era como si todos los árboles cantaran. Como si un solo árbol, el árbol de una España naciente y milenaria, empezara a cantar de nuevo sus canciones. Ni chopo, ni olivo, ni encina, ni manzano, ni naranjo, sino todos ellos juntos, fundidas sus savias, sus aromas y sus hojas en ese árbol de carne y voz. Imposible recordarlo con palabras; más que en la memoria, “en el sabor del tiempo queda escrito”.

Después lo oí recitar poemas de amor y de guerra. A través de los versos –y no sabría decir ahora cómo eran o qué decían esos versos-, como a través de una cortina de luz lujosa, se oía mugir y gemir, se oía agonizar a un animal tierno y poderoso, un toro quizá, muerto en la tarde, alzando los ojos asombrados hacia unos imposibles espectadores de humo. Y ya no quisiera recordarlo más, ahora que tanto lo recuerdo. Sé que fuimos amigos; que caminamos por Madrid en ruinas y por Valencia, de noche, junto al mar o por las callejuelas intrincadas; sé que le gustaba trepar a los árboles y comer sandía, en tabernas de soldados; sé que después lo vi en París y que su presencia fue como una ráfaga de sol, de pan, en la ciudad negra. Lo recuerdo todo, pero no quisiera recordarlo… (Octavio Paz, Las peras del olmo).

CUESTIONES

1. Enuncie el tema del texto.

2.-Redacte un resumen del contenido del texto.

3.- Elabore un texto argumentativo a favor o en contra de que se pueda ser amigo de una persona a la que se ha tratado poco.

VIERNES 03/ 04/2020

Corrección de actividades

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