LA HIPERINFLACIÓN – Caso Venezuela.

Imagine el lector por un momento que, para obtener un billete de 20 euros, tuviera que desembolsar 40. O que para disfrutar de un café con leche y una tostada, el único modo de pagar pase por pedir prestado un teléfono analógico, llamar a un amigo y que éste haga una transferencia bancaria a la cafetería en cuestión. O que en un mercado le ofrezcan el mismo producto a dos precios distintos según pague con tarjeta o en metálico. Distintas razones hacen que manejar efectivo en Venezuela sea, a la vez, un lujo, una necesidad y un negocio muy lucrativo, especialmente en las zonas alejadas de la capital.

A pesar de ser plena mañana en Caicara del Orinoco, en el comercio chino de la avenida Caroní los empleados despachan a través de pequeña ventana, detrás de un portón y una reja. En la acera de enfrente los negocios no tienen esa medida tan extrema, pero sí atienden a través de las rejas que antes cumplían una función meramente de cierre. Una panadería ofrece únicamente una decena de panes. No hay ni siquiera jamón york para completar y hacer un bocadillo. “Se lo llevaron todo”, dice el dependiente. Al otro lado del mostrador-reja, un cliente completa la frase: Se lo llevaron todo en los saqueos.

Caicara del Orinoco es la capital del municipio Cedeño, en el estado Bolívar, al sureste del país. A principios de enero hubo saqueos en una veintena de comercios. José Dauhare, presidente de la Cámara de Comercio de Cedeño explica los motivos: “Los puntos (datáfonos) no servían y los comerciantes estaban pidiendo comprar en efectivo, pero no aceptaban billetes de baja denominación. Así fueron varios días y la gente sin poder comprar nada. Y estalló todo”.

Ha pasado mes y medio y las condiciones en las que se dieron los saqueos no han cambiado.

El hambre acucia después de todo un día en carretera, así que buscamos qué comer de almuerzo-cena. Encontramos un sitio abierto y con un cartel grande en la puerta que nos atrae: “Hay punto”. Es una arepera (un establecimiento de comida rápida tradicional). Empezamos a salivar y a elegir rellenos. Serán cuatro ‘arepas’, una botella de agua y tres refrescos. Nuestra fantasía gastronómica se desploma en el instante que la dependienta nos dice las dos frases más temidas. “El punto no funciona. Tienen que pagarme en efectivo”.

Cantv, la red de telefonía nacional, está caída en la zona. La señal de Movistar y Digitel también, y sólo se puede llamar a través de Movilnet, y con dificultades. No hay internet, wifi o datáfonos activos. La única red que funciona es la de la confianza ciega. Le convencemos de pagar por transferencia, un movimiento que no verá en su cuenta hasta dentro de tres días, cuando terminen los festivos. Cuando el grupo estará ya bien lejos de Caicara.

Sólo uno de nosotros tiene un teléfono con Movilnet. Es de esos viejos, con los que solo puedes llamar y mandar mensajes. Toca llamar a alguien en Caracas que sea de confianza, explicarle la situación a gritos porque apenas se oye, pasarle los datos después de pelear con un teclado que habíamos olvidado hace años y que pague los 710.000 bolívares que costó todo. Tres euros al cambio en negro.

710.000 bolívares son 7 billetes de 100.000 y uno de 10.000. No es tan fácil conseguirlos. Los cajeros automáticos dan un máximo de 10.000, 20.000 al día en algunos casos. Y las colas, en cualquier parte del país, son enormes. En Puerto Ordaz (capital del estado Bolívar), en un conocido centro comercial, donde más gente se apila es en los tres bancos que hay. Pagar con suelto algo tan cotidiano como el autobús, el metro o un café, es una tarea casi imposible.

Una mujer sostiene un fajo de bolívares en un mercado en Rubio, Venezuela. (Reuters)
Una mujer sostiene un fajo de bolívares en un mercado en Rubio, Venezuela. (Reuters)

En la falta de efectivo intervienen varios factores, entre ellos, el cono monetario y la hiperinflación. El economista Omar Zambrano cuenta que “tiene que ver con la capacidad del Banco Central de Venezuela (BCV) de importar y crear especies monetarias. Trabajan a media máquina por las limitaciones para importar los insumos para los billetes. No hay producción de billetes al rtimo que se requiere y, por otro lado, el proceso hiperinflacionario hace que la necesidad de tener más billetes crezca cada día”.

En diciembre de 2016 se anunció de un día para otro la salida de circulación del billete de 100, el de mayor denominación hasta el momento. También la emisión de nuevos billetes (de 500 a 20.000), pero mientras se mandó recoger los viejos, los nuevos no aparecían por ningún lado. La medida causó disturbios con varios fallecidos en distintas zonas del país. Maduro la revocó, y desde entonces ha prorrogado 13 veces el billete. Los nuevos no aparecieron sino meses después.

El billete de más alta denominación es el de 100.000 bolívares. Con él solo se pueden comprar alrededor de 6 huevos

Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica, explica que el cambio del cono monetario “llegó tarde, se debió haber hecho en 2012, sobre todo en un país con un problema de inflación crónica y que ahora pasa a hiperinflación. Los billetes y monedas se quedan cortos frente a las transacciones”.

Así, dice Oliveros, el problema es de doble ámbito: “No hay suficiente billete adecuado para el nivel de transacciones y los precios y los billetes que están se han quedado desfasados para el nivel de la economía”.

Los datos de la Asamblea Nacional, de mayoría opositora, dan que la inflación en enero pasado fue de 84,2%. Ecoanalítica la estima en 90,6%. Según Tortino Capital, la inflación acumulada de este año podría superar el 10.000%. El BCV no da cifras oficiales desde 2015.

Para hacernos a la idea de cómo funcionan el desfase y la inflación, veamos un ejemplo. El billete de más alta denominación es el de 100.000 bolívares. Con él, en el momento de escribir estas líneas, solo se pueden comprar alrededor de 6 huevos. Pero además, cada día se necesitan más billetes para comprar lo mismo. El huevo que en noviembre costaba 2.000 mil bolívares, ahora cuesta 16.000. Se necesitan 8 veces más billetes para el mismo producto en un lapso de dos meses.

Un negocio redondo

La teoría de la falta de efectivo se quiebra cuando llegamos al mercado de San Félix, muy cerca de Puerto Ordaz. Es una especie de mercadillo al aire libre con una infraestructura bastante pobre pero similar a lo que fue en su día nuestro ‘top manta’: todos los éxitos están ahí. Harina de maíz, de trigo, azúcar, compresas de una reconocida marca, leche en polvo, aceite vegetal, desodorantes. Todo lo que cuesta encontrar y, encima, a la mitad de precio que en un establecimiento formal. El aceite, que ronda los 360.000, lo venden en 150.000. El azúcar pasa de 190.000 a 80.000. Y así con todo. El truco: hay que pagarlo en efectivo.

Allí se ven todos los billetes que uno no ha visto en meses. En un puesto de venta de huevos ya sólo queda medio cartón por vender. A su lado, una caja repleta de pacas de billetes de casi todas denominaciones.

El verdadero negocio no es vender mercancía, sino obtener los billetes.

«Mi negocio no es la harina, sino la venta de efectivo. Y solo admito billetes de más de 500. Le saco el 100% de ganancia”

Un “tendero” solo tiene en su puesto harina de trigo. La quiere vender a toda costa. Incluso rebaja el precio inicial. “Mi negocio no es la harina, sino la venta de efectivo. Y solo admito billetes de más de 500, porque los otros ocupan mucho espacio. Le saco el 100% de ganancia”. Es decir, que si logra vender el kilo de harina por 80.000 bolívares, conseguirá por ese dinero el doble, 190.000.

La compra-venta de efectivo ocurre en países con alta inflación. El efectivo es un bien, y esto tiene que ver con la escasez. Todo bien escaso genera un mercado negro. La harina de maíz, el aceite… El dinero. Como los billetes son escasos y para ciertas transacciones se necesitan, cada vez es más frecuente que se pague a un 100% de su valor”, explica Oliveros.

Zambrano dice que la compra-venta de efectivo también se nutre “de actividades económicas que requieren abundante efectivo para funcionar, sobre todo las que son ilícitas o de contrabando, que operar al margen del sistema financiero”.

Es justamente uno de los problemas del estado de Bolívar. La extracción de oro es una de las principales actividades. Y en su mayoría, no se hace de modo legal. El control lo tiene “el sindicato”, un eufemismo para nombrar al conjunto de mafias que operan allí y cuya ley está por encima de la Guardia Nacional Bolivariana.

En esta zona, hasta hace unas semanas, la venta de efectivo llegó a hacerse a más del 160% del valor facial del billete. En distintas partes del estado y distintas personas nos confirmaron que “el sindicato” mandó frenar esa subida, y ahora como máximo en cualquier lugar se vende al 100%. La medida tiene sentido porque, si el efectivo empieza a tener más valor que la grama de oro, están perdiendo negocio.

Sobre qué puede pasar, Oliveros no pinta un futuro muy halagüeño. “La inflación seguirá creciendo, no hay razones para pensar que se detenga. Los precios van a subir más. La familia de billetes será más insuficiente y el efectivo aún más escaso. No hay capacidad ni el dinero para meter el nivel de billetes que se necesita. Esto apenas está empezando”

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