Liga Interna 2016 -17 (2)

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Los Disfrutones

El partido entre 1ºA y 4ºB fue muy divertido, sobre todo para uno de los dos equipos. Los mayores ganaron 30-16, pero, sobre todo, se lo pasaron pipa. Y a un profano que lea esto, le parecerá un tópico que se lo pase bien un grupo que consiga esa diferencia. Pero yo, que he visto perder a Daniel Delgado y compañía (comportándose exactamente igual), sé de lo que hablo. El desparrame en la cancha, que no llegó al punto de burlarse de los adversarios (el árbitro no lo hubiera consentido), fue quizás excesivo, pero expresa a las claras la filosofía con la que se toman el juego estos muchachos, que son capaces de contagiar con sus risas al mismísimo Pedro Tomás Carrasco, una de las estrellas de la Liga, que por mor de sus resultados académicos (casualidades de la vida, lo llamaría otro) ahora está en un equipo favorito al título, en vez de quedarse sin jugar todo el año (cosa que han logrado sus ex-compañeros).

El partido comenzó siendo un monólogo de 1ºA. La buena voluntad de los de 4º no tuvo relejo en el marcador, que arrojaba un despiadado 14-0 en el descanso, culpa, sobre todo, de un enchufadísimo Pedro Tomás, y de la colaboración de Daniel y de Rubén Ajenjo, que con un triple, consiguió la única canasta de una actuación plena de (divertidos) desaciertos y desastres.

La segunda parte comenzó con una valiente y decidida presión de los pequeños, que igualaron no solo el juego, sino el marcador (16-16 fue el tanteo en los dos últimos cuartos). La actuación notable de todo el equipo, la defensa numantina de su canasta (ante un enemigo muy superior en altura y potencia) y la más que afinada puntería en ataque, con cuatro jugadores anotando, solo pudo ser contrarrestada con el Pedro-sistema, un invento al que este modesto comentarista le augura bastante futuro en la competición: rebote de Alejandro Fernández y pase de balonmano al palomero-estrella.

El resultado (30-16) no hace justicia a los de 4ºB, pues, a pesar de que la victoria de sus rivales no estuvo nunca en peligro, no es normal que se quedasen dos cuartos sin anotar. Eso, a la postre, fue decisivo.

Mis ex-alumnos de Física y Química jugaron así:

Ángel Riesgo jugo serio y discreto, aunque el más llamativo (y positivo) suceso táctico de su equipo (la ya comentada presión de los inicios de la segunda parte) llevó su autoría. Estuvo también recatado en el tiro, aunque alguna pudo meter. Defendió bien y fue el principal responsable del orden en ataque de los suyos.

Iván Morillas estuvo hiperactivo y omnipresente. Defensor esforzado de Pedro Tomás, subió el balón siempre con potencia y velocidad, con arriesgados (y exitosos) driblings incluso delante del hijo de JuanPe. Tuvo su premio con una canastita en el último cuarto. Fue el alma de su equipo, sobre todo por su lucha bajo los aros (territorio totalmente hostil, ante la superioridad física de los enemigos).

Alberto Sebastián dejó muestras, una vez más, de su seguridad e inteligencia en el juego. Defendió con arrojo, y en ataque pecó de timidez, y es que quizás le falta algo de técnica de tiro (flexión de piernas y bombeo de balón, tienen la culpa, como bien sabe el alumno que fue de la Escuela de Baloncesto).

Adrián Fernández llevó el balón, casi siempre, con acierto, aunque no es base. Se gusta botando y disfruta especialmente con los «coast to coast», aunque lleva un deportivo sin frenos (tú ya me entiendes). Si doblase el balón a los tiradores y aprovechase más su altura y su envergadura, (explíquelé alguien lo que es el «pick and roll», por favor), los suyos darían un salto de calidad, sin ninguna duda. Ayudó mucho en el rebote, pero debería pelear el de ataque e intentar pescar puntitos bajo el aro contrario. A pesar de todas estas críticas, metió 3 puntitos, lo que tampoco es moco de pavo.

Hugo Flores jugó con soltura de veterano, ayudando a subir el balón, moviéndolo con criterio en ataque y repartiendo instrucciones a diestro y siniestro. Peleó en defensa, pasó el balón con criterio y metió tres puntos, que pudieron ser cerca de diez si le llegan a ser propicios los hados.

Santiago Prieto hizo una apreciable labor como recio defensor, ayudando en el rebote, y mostró seguridad e inteligencia en ataque. Debe aprender a bloquear, pues en su equipo hay algo que está claro: él y Alberto tienen cuerpos fortachones, y tanto Ángel como Iván son rápidos y hábiles penetradores. No tengo más que comentar.

Carlos Nuevo, olvidó su timidez inicial (parte de culpa en la nula primera parte de 4ºB la tuvo su pasividad en el tiro) y explotó su calidad en los dos últimos cuartos. Fue el artífice del empate que se fraguó en ese período, con cuatro canastas como cuatro soles. Hizo más daño cuando penetró por el centro o los lados, que por la línea de fondo, pues tiene un gran tiro a tablero (Adrián pagaría millones por tirar así, o como Hugo).

Francisco Tielas estuvo cerca de ser el gran jugador que puede ser. Su autocontrol fue casi perfecto. Tiró apuntando a canasta y con finura, y aunque eligió mal los sitios (siempre laterales), debieron entrarle más de una. Defiende con garra, y con su rapidez, debería anotar con facilidad penetrando (si practicase la frenada, sería un crack).

Los vencedores me merecen estos comentarios:

Rubén Ajenjo debutó «legalmente», en la Liga Interna, tras un tiempo en el ostracismo. Demostró que no se le ha olvidado jugar, pero los nervios le hicieron fallar más de la cuenta. Se tomó con buen humor sus desastres (en lo cual tuvo la inapreciable ayuda de sus «amigos»), entre otras cosas porque en su primer tiro a canasta clavó un impresionante triple, provocando la escapada en el marcador (que al final sería definitiva) de los suyos.

Pedro Tomás Carrasco fue el líder indiscutible del equipo, haciendo y deshaciendo y feliz de estar en la pista. Metió tres triples y falló alguno más, como uno que intentó con chulería: contraataque y salida a la línea, para tirar de lejos en vez de asegurar la canasta de dos. Suya fue la ocurrencia de dejar cuatro a defender y quedarse de palomero, lo cual hizo disfrutar mucho a los suyos (y a los adversarios también, que se encontraban una defensa desguarnecida), y puede ser un recurso para futuras empresas. MVP del partido, con 17 puntos y su catálogo habitual de penetraciones de fantasía y su generosidad en el reparto de asistencias.

Daniel Delgado, la alegría de la huerta (honor en el que ya se adivina dura pugna con Francis el «cambiacapas»), llevó la voz cantante en el comentario de las jugadas de su equipo. La hilaridad no pasó a mayores, pero sí provocó ciertas discutibles decisiones arbitrales (unas cuantas «zonas» que, en un ambiente de más seriedad, quizás no se hubieran pitado)., para evitar que el «cachondeo» no pasara a mayores. Reboteó, defendió bien y anotó con regularidad, con cinco bonitas canastas. Se le espera con más seriedad (va a ser que no) en partidos más comprometidos.

Alejandro Fernández, ya convertido en «estrella», va camino de convertirse en máximo reboteador del Torneo. La jubilación de Raúl Orejana ha permitido que aparezca y reluzca este individuo, pleno de facultades físicas, buen saltarín, despiadado taponador, excelente pasador (sacar el balón a una mano tras poderoso rebote  no está al alcance de todos), y correcto manejador del balón, al que solo faltan habilidades de «pescador» bajo el aro contrario para ser un gran anotador.

Cristina Gálvez estuvo rápida y vivaracha, como ella es. Defendió con garra y sin cortarse un pelo, y se las hizo pasar canutas a Ángel y a Iván para sacar el balón. Al Sr. Morillas le robó una bonita cartera (de piel de cocodrilo), dejándole casi sentado. Tímida en ataque, se preocupó más de mover y pasar bien el balón que de mirar al aro, aunque tiene un fino tiro que no practicó.

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