Así es la criba para el acceso a una escuela de negocios

CincoDías    Madrid 25 ABR 2018

Las grandes escuelas de negocios españolas forman parte de la élite de la educación empresarial mundial, tal y como reconocen los principales rankings de referencia. Y ofrecen MBA y programas de doctorado dirigidos a perfiles profesionales con un importante recorrido en el ámbito empresarial. Para acceder a ellas no basta con tener un buen expediente académico, elegir el centro y pagar la matrícula, hay otros factores determinantes que entran en juego.

Aunque depende del programa y de la escuela, la mayoría recibe de media entre cinco y diez solicitudes por cada plaza disponible en sus aulas. Son muchos los rechazados. Entrar no es sencillo, es necesario superar un exigente proceso de admisión. Porque el éxito de las escuelas de dirección se sustenta, en parte, en esos filtros y procesos de selección que garantizan captar a los mejores candidatos.

“El objetivo es seleccionar a las personas idóneas para cada programa, a aquellas que cumplan con el perfil de ingreso requerido y así crear un grupo de alumnos que aporte valor durante el desarrollo del máster”, resalta Javier Espa, director de admisiones del área de posgrado de ESIC.

Una vez decidido el centro y los estudios, mientras el futuro alumno indaga en la página web de la escuela elegida para enterarse de la documentación que debe presentar, entre exigencias imprescindibles como títulos universitarios, notas medias altas o prácticas en empresas, aparece un requisito inesperado: el Graduate Management Admission Test (GMAT). Esta es una prueba de referencia que, desde hace años, determina, en una primera fase, el acceso a las mejores escuelas de negocios en todo el mundo.

Se trata de un examen estándar que mide distintas capacidades del candidato, como aptitudes cuantitativas, razonamiento verbal, escritura analítica, etcétera, muy relevantes para los estudios de posgrado, generalmente enfocados en los negocios, y que se realiza íntegramente en inglés. Es el equivalente a un examen de selectividad. Y es solo el principio.

“El GMAT es un test que aceptamos todas las escuelas top internacionales; es decir, si el candidato lo tiene y ha obtenido una buena puntuación, lo presenta”, comenta Julián Trigo, director de admisiones de IE Business School. “Ahora bien, si no lo ha realizado, nosotros le damos la opción de pasar unas pruebas propias. Las nuestras son online porque estamos muy focalizados en el uso de nuevas tecnologías y hemos implementado un nuevo proceso de admisión basado en la interacción con la tecnología”, puntualiza.

El encuentro personal con el candidato resulta decisivo, ya que es donde realmente se observa su motivación y capacidades

Un buen nivel de inglés no es algo baladí ni que se pueda falsear fácilmente porque muchas de las asignaturas, cuando no todas, se imparten íntegramente en ese idioma. Superar el TOEFL (Test of English as a Foreign Language), una prueba estandarizada de inglés académico reconocida por escuelas y universidades de todo el mundo, u otros test similares, es el siguiente paso que exigen, en general, todos los centros de formación empresarial.

Experiencia profesional

A partir de aquí, aunque parecidos, cada escuela tiene sus propios procesos de admisión que difieren en función del programa. Por ejemplo, el principal requerimiento para entrar en los programas Executive o de formación directiva de Deusto Business School es tener una experiencia profesional relevante. En este caso, la prueba de selección es personal e individual.

“Es muy raro que nos lleguen solicitudes de personas con las que no hayamos tenido un contacto previo. En los másteres universitarios se orienta primero a los interesados y solo se aconseja presentar la solicitud a quienes se considera que cumplen los requisitos. De las solicitudes válidas tramitadas, se rechaza entre el 10% y 50%, dependiendo del programa”, apunta David Ruiz de Olano, director de programas de esta institución.

En ambos casos, el proceso incluye siempre una entrevista personal formal entre el candidato y el director académico, donde se valoran aspectos como el potencial del aspirante, la idoneidad del programa para sus necesidades y beneficios por cursarlo, los beneficios para el grupo por contar con su participación, cómo encaja con el resto del grupo, etcétera.

Para Julián Trigo, la entrevista es también el colofón del proceso. “Es cuando conocemos al candidato, contrastamos toda la información que nos ha entregado y valoramos una serie de elementos vinculados al perfil que buscamos, los objetivos profesionales que persigue y en qué medida el programa le va a ayudar a conseguirlos, la diversidad, que es algo que nos importa mucho… Es el momento de ver si esa persona es dinámica, innovadora o si tiene capacidad para trabajar en equipo”.

En el Instituto de Estudios Bursátiles (IEB) se tiene muy en cuenta que el perfil de los alumnos encaje con su idiosincrasia. Y las habilidades que más se valoran, según Aurelio García del Barrio, director del Global MBA de IEB, son “capacidad de negociación, toma de decisiones, inteligencia emocional, coordinación, gestión de personas, creatividad, pensamiento crítico y resolución de problemas complejos, siempre, por supuesto, con la base técnica necesaria para cursar el programa”. Además, prosigue, la entrevista personal resulta decisiva ya que es donde realmente se observa la motivación y capacidades del alumno.

Grupos heterogéneos

Ricardo Piqué, director de admisiones de EAE Business School, subraya: “Para nosotros es fundamental conseguir grupos heterogéneos que mantengan un equilibrio entre nacionalidades, ámbitos de responsabilidad y sectores económicos, ofreciendo así al alumno una etapa formativa mucho más enriquecedora”. El 20% de los solicitantes no supera las pruebas.

Las cartas de recomendación tienen gran importancia. Por ejemplo, para acceder al MBA, el programa más internacional del IESE, son necesarias no una sino dos. También en el IE las valoran mucho, “sobre todo las de personas que hayan podido trabajar con el candidato, que le conozcan”, afirma Julián Trigo.

Cursar un máster requiere mucho tiempo, esfuerzo y dinero. Los centros de formación empresarial más reputados tienen más solicitudes que plazas y son los primeros interesados en hacer una selección rigurosa para culminar con éxito una formación que puede contribuir a que el alumno consiga un mejor desarrollo profesional, relance su carrera u obtenga una mayor remuneración y posición.

 

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