Del aula a la empresa, dos cabalgan juntos

CincoDías   

Cada vez son más alumnos de las escuelas de dirección los que montan un negocio.

Quienes lo han conseguido recomiendan hacerlo en compañía.

Son jóvenes, talentosos y sobradamente preparados. Licenciados y con un MBA (Master in Business Administration) bajo el brazo, tienen ideas, poco presupuesto y muchas ganas de emprender. Pero todo ello hubiera servido de poco si, por el camino, no hubieran encontrado su media naranja, un socio perfecto que les complementara –aunque no tuvieran nada que ver entre ellos– para montar un negocio y tener éxito.

La tendencia de crear empresa propia tras cursar MBA ha calado profundamente entre las nuevas generaciones y sigue creciendo, según datos de ESADE. Alrededor de una cuarta parte de los estudiantes de este programa en la escuela barcelonesa crean un negocio al año de finalizarlo. Unas cifras similares a las que maneja IE Business School. Un 25% de sus antiguos alumnos de MBA montan un negocio.

De cara al futuro, esa aspiración se mantiene y un 19% de los jóvenes que cursan este tipo de programas tiene pensado empezar una actividad por cuenta propia, según datos de la Feria Internacional de Estudios de Postgrado (FIEP).

Por eso casi todas las escuelas de negocios españolas han incorporado a sus másteres asignaturas específicas y orientadas a la práctica del emprendimiento, como ocurre en las aulas de Sant Cugat del Vallés donde ESADE cuenta con el centro de innovación Creápolis, en la madrileña IE Business School, en torno a su denominada Área 31 o en la incubadora de negocios de Deusto Business School.

La mayoría de estos centros ofrecen asimismo apoyo financiero a los nuevos proyectos o redes de business angels para que puedan ver la luz.

Los casos de iniciativas de éxito pos-MBA son una realidad. Estos son algunos de los hombres de negocios de hoy con empresas muy innovadoras relacionadas con el turismo (Gamplinghub, Sevilla), la moda (Neon Boots, Madrid) y la gastronomía (La Salsera, San Sebastián) en las que la tecnología suma. Cada uno en su sector marca tendencia.

En esa trayectoria ha habido momentos duros, desánimo y ganas de arrojar la toalla. Todos recomiendan no hacer la travesía en solitario. Las dificultades de financiación y la burocracia son sus principales quejas y coinciden, en que en España, desaniman al más pintado.

Algo parecido le pasó a David Troya, un sevillano que, para atajar el papeleo made in Spain, se decidió por el american way of life o en este caso, en una traducción libre, por el modo de hacer negocios americano. Licenciado en Turismo y MBA por la Universidad de San Francisco, creó una empresa en Estados Unidos en poco más de 15 minutos y con un billete de los grandes, 100 dólares, algo imposible en España.

La vía americana

Gamplinghub.com es una central de reservas online, donde el camping y el glamour se dan la mano. Promete experiencias memorables en lugares paradisíacos con alojamientos singulares en tiendas de campaña, casas árbol, cabañas, yurtas (tiendas para sitios muy fríos) o tipis (las típicas de los indios americanos) con las comodidades de un hotel de lujo.

David Troya, fundador de GlampingHub
David Troya, en la sede de su empresa de campings con glamour. Paco Puentes

En el camino de David Troya se cruzó Rubén Martínez, un estadounidense de origen mexicano y MBA. A caballo entre Sevilla y San Francisco y ya con empresa subsidiaria en la capital hispalense, Troya reconoce que “nunca montaría un negocio solo. Son tantas las dificultades que es complicado encajar el impacto emocional que supone. Necesitas ayuda financiera, pero también apoyo moral y marketing”.

De EE UU destaca: “Ya en el aula me contagió el espíritu emprendedor americano. La senda para crear una empresa está muy estructurada, hay guías para todo, muy prácticas; paso a paso te señalan requisitos, ayudas, recomendaciones y resuelven tus dudas. Solo tienes que encontrar socios con capacidades similares y complementarias tanto en formación como económicas”.

Al otro lado del Atlántico “no se penaliza el fracaso ni el éxito –matiza–. En España si fallas ya estás estigmatizado y si triunfas levantas suspicacias ‘algo habrás hecho’. El emprendimiento es “un proceso con muchas curvas e incertidumbres, yo mismo he estado a punto de morir varias veces, pero hay que atreverse”.

Desde 2012 Glampling cuenta con un tercer socio, Talal Benjelloun, marroquí experto en el norte de África. La empresa ha superado los dos millones de visitas y el millón y medio de euros de facturación. Por ella han pasado más de 30 personas y han tenido “alguna fuga de cerebros”, que se han ido a crear sus propios proyectos, “a priori una contrariedad, pero también una satisfacción porque de algún modo has sido una inspiración”, dice.

Marcando el paso

En Neon Boots empezaron el negocio por los pies y a todo color. Iván Rodríguez (ingeniero de telecomunicaciones y Executive MBA en dirección comercial y marketing por CESMA Business School), encontró a su socio Federico Oria, procedente del mundo del retail y experto en diseño y compras, mientras impartía una conferencia sobre venta online. Era febrero de 2012. La firma apenas ha cumplido tres años, pero medio mundo se pone sus botas. Los primeros prototipos eran fluorescentes.

Su modelo inspirador es un clásico británico, la insulsa bota Chelsea. Unos botines que hicieron historia porque fueron los primeros que utilizaron refuerzos elásticos laterales, ideales para montar a caballo en la época victoriana. Rodríguez y Oria decidieron reinventarlas y llenarlas de color neón en múltiples combinaciones y tonos como fucsia, turquesa, amarillo, naranja, pistacho y hacerlas, además, unisex.

Iván Rodríguez, fundador de Neon Boots.
Iván Rodríguez, fundador de Neon Boots, muestra el calzado que diseña su empresa. Carlos Rosillo

El negocio contó con una inversión inicial de 10.000 euros y una producción muy pequeña, solo 200 pares de botas para testar el mercado. “Y fue un éxito de ventas”, recuerda Rodríguez. “Todos los modelos están hechos a mano con materiales de primera calidad en Valverde del Camino”. Su estrategia empresarial se sustenta en “una importante plataforma de ventas online, una visión multicanal y las tiendas multimarca”. A propósito combinan tradición e innovación, donde la artesanía y la tecnología conviven sin estorbarse.

Desde su fundación han vendido de largo más de 10.000 pares de botas y, aunque aún no han facturado su primer millón, “trabajamos con mucha ilusión”, asegura.

Cuenta con más de 90 puntos de venta en Europa y comercializa en Internet a través de Neon Boots Online, con un catálogo de 120 modelos en múltiples combinaciones. Además del vacuno han incorporado nuevos materiales como serrajes, yute, esparto o rafia.

Rodríguez adelanta que estudian “sacar nuevas marcas, afianzar la línea de hombres y la de niños”. Neon Kids, la colección infantil, está siendo un auténtico bombazo. “A los peques les encanta lucir los modelos de mamá y papá o de sus hermanos mayores. Quieren estar a la última”. La línea de niños supone el 28,7% de las ventas.

En su andadura, una cruz, “las copias”, suspira resignado, Iván Rodríguez. La piratería es una lucha de gigantes y la justicia lenta. Hoy por hoy su primer mercado es Inglaterra, patria chica de la Chelsea, y el mercado asiático (Japón y Corea), su objetivo inmediato. También Estados Unidos, pero ese son palabras mayores y “hay que ir paso a paso”.

Con las manos en la masa

A otros como Xabier de la Maza, alumno e investigador en Administración de Empresas de Deusto Business School, el éxito le llegó por el estómago. En la incubadora de la escuela nació La Salsera y ya se sabe que con las cosas de comer no se juega, sobre todo si eres vasco. Su historia arranca en 2008. A su primer socio, Antoni Munduate, le conoció en la universidad y es un apasionado del marketing estratégico y la gastronomía. El tercero en sumarse al proyecto desde Barcelona fue Nacho Bueno, experto en consultoría y Erasmus en Londres, donde conoció a De la Maza. Y de las charlas de bares pasaron a la acción.

Como consultores y en su laboratorio de ideas, como llaman a La Salsera, realizan proyectos a medida para otros o desarrollan iniciativas propias bajo la fórmula de pop up shop. Un nuevo concepto de tiendas que abren, testan el producto que venden, cierran y/o cambian (Pantori) o se asientan, como The Loaf, una panadería artesanal que se ha convertido en un referente en San Sebastián.

Su éxito le debe mucho a “conectar su estrategia de negocio con la experiencia del consumidor” y su primer triunfo les vino con el pan como aliado: una panadería temporal en el centro de San Sebastián. En este proyecto invirtieron 150.000 euros entre aportaciones propias y de patrocinadores. Hoy The Loaf presume de esquina y escaparate permanente en la avenida Zurriola, en un espectacular local de 400 metros cuadrados. Factura 500.000 euros anuales. Además de “obrador para hacer pan y tienda, tiene bistró-restaurante, aulas para cursos”, explica De la Maza.

Cuando Xabier y Nacho coincidieron en Londres notaron que “los productos artesanos españoles, no tienen presencia fuera”. En octubre de 2012 nace Pantori. Una web “para descubrir a pequeños productores de toda España”. Más de 200 productos y referencias sin intermediarios y a precios muy competitivos para el consumidor. Hoy cuenta con local propio, también en Donosti, y factura 250.000 euros. Una auténtica pop up que cambia de arriba abajo y de producto cada semana. “Igual exhibimos 800 kilos de chorizo de cantimpalo que apostamos por el concepto taberna”. Un esfuerzo logístico que “merece la pena”.

Pasaron “un momento crítico cuando, en plena crisis, no dábamos con el local adecuado para The Loaf y el tiempo y las deudas eran una presión difícil de soportar” y, sobre todo, sufrieron mucho “la maldita burocracia y el entramado de leyes, nacionales, autonómicas y locales. Un entramado de mil papeleos diabólico”, concluye De la Maza.

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