Liga Interna 2016-17 (5)

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Enemigos queridos 

El pique entre 4ºB y 4ºM viene de lejos. El año pasado ya hubo sus más y sus menos, pero es que yo recuerdo cierto Torneo de Navidad en el que las muchachas le pegaron un repasito a varios de sus rivales y/o compañeros. Este viaje yo no hubiera dado un duro por los de Ángel Riesgo, pues la presencia de Carlos Gutiérrez en el equipo «femenino» no solo asusta, pero sin embargo, después de un más que aceptable partido en ataque de 4ºB, el resultado fue muy ajustado (30-26 para 4ºM). Y, a pesar de la tensión, hay que decir también que el partido fue jugado con una gran deportividad por ambos contendientes, o sea, que hubo muy buen rollo.

Empezó la cosa igualada, con defensas muy intensas, y muchas personales, sobre todo por parte de 4ºB, culpa del «ansia viva» por robar balones en la subida enemiga del balón. Buena idea, pues la zona con Lucía o Guti de 5 no era, en principio, propicia para penetrar ni para coger rebotes. 10-6 de ventaja en el primer parcial, obra sobre todo de Celia, a la que solo respondía Ángel. Se despegaron un poco más los de negro en el segundo cuarto, que intimidaban en defensa: a saber, tapón «razonable» de Carlos Guti a Adrián Fernández (que por cierto respondió metiendo la canasta), pero también otros dos para la historia, uno de Tania al susodicho y otro, espectacular, de Irene a Fran (con su habitual desparpajo, la Srta. López le pedía a su «víctima» explicaciones por lo sucedido). con 22-12 se llegó al descanso.

Como el cuchillo en la mantequilla

Acortaron la ventaja los chicos, con Ángel convertido en «mascarón de proa», bien secundado por Adrián y por Iván Morillas. El 2-7 les hizo concebir esperanzas, y de hecho, en el último cuarto se registró un empate a falta de 4 minutos para el final. Pero las curtidas («cancheras» diría un argentino) chicas aguantaron mejor la presión, consiguiendo los cuatro puntitos que les dieron el triunfo.

A destacar el protagonismo que tuvieron los «penetradores» de ambos equipos (bienvenida sea la moda «Sergio Llul»), Celia Martín (MVP) y Ángel Riesgo (máximo anotador del partido), escoltas de postín, en labores a veces de intendencia, pero que brillaron especialmente haciendo de las zonas rivales sus cotos privados de caza, con fulgurantes entradas que rompieron las zonas enemigas con la facilidad con la que un cuchillo corta la mantequilla.

Por los de 4ºB jugaron:

Carlos Nuevo, muy conocido ya por estos lares, y por tanto, muy vigilado, no fue el de otros partidos, y su equipo lo acusó. Tiró poco, penetró menos, y tuvo pocas oportunidades de lucir su clase. Colaboró en el movimiento de balón, estuvo muy seguro en el pase y defendió bien, con algún que otro rebote además.

Pedro Sánchez, aunque jugó poco, dejó sus señas de identidad sobre el «parquet». Su defensa correosa, su inagotable lucha y su pundonor, que a veces le hace enfadarse (y con razón) con sus compañeros, fueron notorios. Ayudó mucho en la subida de pelota y cometió una inevitable antideportiva. Para evitar la canasta sin caer en la violencia, hay que actuar con limitada dureza, y él lo hizo (con lo cual sobra la bronca que se llevó, porque además fue el único en bajar a defender en esa situación).

Alberto Sebastián fue otra de las víctimas del espartano reparto del tiempo de juego en su equipo. También es verdad que, convaleciente del shock que supone ver en directo a LeBron James (o más bien del «jet lag» del viaje a New York), no estaba para muchos trotes. A pesar de eso defendió correctamente y pasó muy bien, colaborando en el movimiento de balón. Siguen sin contar con él para bloquear, y eso es un pecado en un grupo con buenos penetradores.

Ángel Riesgo, como ya he dicho, estuvo sembrado en ataque y fue, una vez más, el líder táctico de los suyos (además del líder anotador). Su ego (estilo Cristiano Ronaldo, ya me entendéis), necesitaba un partido como este, con excelentes entradas a canasta y algún tirillo acertado a media distancia. Se mostró especialmente letal en las penetraciones «incompletas» (que culmina con canastas a dos o tres metros). Trece puntos en total para un gran partido.

Adrián Fernández fue el jugador caótico que acostumbra. Su salsa son los contraataques uno contra cinco, aunque en alguna ocasión se le vió pasar el balón e irse disciplinadamente. Sus rebotes en defensa son casi siempre pérdidas subsiguientes, pues termina fallando espectacularmente por falta de frenada en las entradas. Es mucho más eficaz en el tiro de cerca o tras rebote bajo canasta. Así coló sus cuatro puntitos, que son solo una muestra de lo que puede hacer en la anotación.

Adrián Reina, cada vez más asentado como jugador, dejó constancia de su veteranía y su aplomo en la cancha. Su seguridad en el pase, sus buenos fundamentos y hasta su fino tiro (ahí dejó su canasta), son imprescindibles para un equipo con cierta tendencia a la anarquía.

Iván Morillas, el luchador infatigable, sudó la gota gorda y bailó con la más fea, que no fue otra que Carlos Guti. Le defendió bien por fuera, pero dentro no pudo gran cosa, salvo arrancarle algún buen rebote de la punta de los dedos. Ya no es novedad que meta canastas. Cuatro puntos que se antojan ya pocos para él.

Hugo Flores, la inteligencia y la razón en la pista,  es el consejero imprescindible que necesita Ángel a su lado. Su sapiencia baloncestística, unida ahora a su personalidad (¿ese genio, dónde estaba?) le convierten en un elemento decisivo, sobre todo en los momentos de apuro en el marcador. Metió una canasta, pero es que tiró poco.

Francisco Tielas, eléctrico y veloz, por momentos descontrolado, pero en otros momentos paciente y acertado, dio una muestra de lo que puede dar de sí. Provocó una personal de tiro y metió uno de los dos desde los 4,60. Lo cual quiere decir que puede aprender a meter canastas en las entradas (sería imbatible, con su potencia y rapidez).

Javier Sánchez jugó poco, pero sentó cátedra de defensa correoso y eficaz. No fue fácil para 4ºM atravesar esa primera línea defensiva con gente como Pedro o Javier ahí plantados. Luchó mucho y ayudó a manejar el balón sin cometer errores.

En 4ºM jugaron:

Marta Vallejo, rápida, atlética, veloz, hiperactiva y omnipresente, pecó quizás de demasiado acelerada. La excesiva adrenalina es muy buena en muchas fases del juego, pero cerca de la canasta, si se quiere ser eficaz, sobra, y ahí es donde el control se impone. Su baloncesto es de muchos quilates, y eso debería traducirse en una anotación «millonaria». Penetra, tira bien, roba balones, contraataca, dribla y pasa perfecto. Solo sus nervios explican su baja anotación (un punto).

Irene López fue la base única, esta vez, dejando a su amiga el papel de escolta (es lo suyo). Subió el balón con gran inteligencia, soltándolo ante la presencia de algún «depredador» cercano, y volviéndolo a pedir. Ordenó el juego en ataque y llevó siempre el «tempo» de juego. Metió una canastita, pero fue la reina del pase. Su tapón a Fran fue antológico, tanto por su estética, como por su comentario posterior.

Celia Martín fue la estrella de los suyos, como ya he comentado. Tremendas sus entradas a canasta. O provoca falta, o la cuela, o ambas cosas (lo cual hizo 2 veces seguidas…¡metiendo los tiros adicionales!). Once puntos totales como once soles. Si además decimos que colaboró subiendo y moviendo la pelota en ataque, pues no hace falta más.

Lucía Fernández estuvo, como siempre, imperial en el rebote. Su dominio, al lado de «su chico», brilla más, aunque en ataque no lo aprovechó esta vez. Hay que decir también que su presencia facilita mucho también las  cosas a Guti, y en ambos aros. Sigue con cierta tendencia a no saltar cuando rebotea, y eso hace que alguno se le escape.No tuvo suerte ante la canasta enemiga, aunque hay que decir que tampoco se prodigó.

Raquel Chaves unió, esta vez, a sus buenos fundamentos y su seguridad habituales, tanto en defensa como en ataque, una eficacia notoria en la anotación, con dos bonitas canastas. Colaboró también en la subida y el movimiento de balón.

Tania Hernández estuvo aguerrida y potente, como de costumbre. Su contundencia tuvo premio, pues colocó un tapón «en todo lo alto» a su amigo Adrián Fernández. Si añadimos que metió una canasta, y que colaboró en el rebote, juzgaremos su actuación como notable.

Natalia Fernández estuvo rápida y veloz, ayudando tanto en defensa como en ataque, subiendo el balón, ella sola a veces, haciendo gala de su grandes dotes de escolta, o ayudando a Irene y a Celia. Esta vez no tuvo suerte ante la canasta contraria, pero es que tampoco abusó del tiro.

Carlos Gutiérrez fue, una vez más, fundamental, para su equipo. Y no es solo por sus números (esta vez «solo» fueron 9 puntos), sino por lo que intimida. Su presencia en zona propia aleja de la canasta a los rivales, y obliga a pararle con personales en la ajena. Juega ya como los ángeles bajo el aro contrario, e incluso se atreve con tiritos a tres metros. Sus tres puntos por canasta y tiro adicional encestado fueron toda una revelación.

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